Cómo dejar de buscar la aprobación de los demás y confiar en ti

AUTOESTIMA

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¿Alguna vez has tomado una decisión y, casi sin darte cuenta, has sentido la necesidad de contársela a alguien para que te dijera que era la correcta?

Quizá antes de comprar algo importante preguntas varias opiniones. O necesitas que alguien confirme que no te has equivocado. Tal vez incluso cambias de idea cuando notas que otra persona no está de acuerdo contigo.

Pedir consejo es completamente normal. Escuchar otros puntos de vista puede ayudarnos a tomar mejores decisiones y a sentirnos acompañadas. El problema aparece cuando tu tranquilidad depende constantemente de que alguien apruebe lo que haces.

Poco a poco, casi sin darte cuenta, empiezas a confiar más en la opinión de los demás que en la tuya. Y entonces tomar decisiones deja de sentirse como un acto de libertad para convertirse en una fuente constante de dudas.

Si te has sentido identificada, quiero que sepas algo desde el principio: no significa que seas una persona insegura por naturaleza. En muchos casos, simplemente has aprendido a buscar fuera la seguridad que nunca te enseñaron a construir dentro de ti.

Cuando la opinión de los demás pesa más que la tuya

La necesidad de aprobación no siempre es evidente.

No consiste únicamente en querer caer bien o recibir halagos. A veces aparece en gestos tan cotidianos que pasan desapercibidos.

Quizá te cuesta decir que no por miedo a decepcionar. Das demasiadas explicaciones cuando tomas una decisión. Cambias de opinión para evitar conflictos o sientes un pequeño nudo en el estómago cuando alguien no está de acuerdo contigo.

Sin darte cuenta, empiezas a observar continuamente cómo reaccionan los demás. Analizas sus palabras, interpretas sus silencios y buscas señales que confirmen que has hecho lo correcto.

Y vivir así resulta agotador.

Porque tu tranquilidad depende de algo que nunca podrás controlar por completo.

¿Cómo llegamos a necesitar tanta aprobación?

Nadie nace creyendo que necesita la validación de los demás para sentirse suficiente. Es algo que aprendemos poco a poco.

Muchas mujeres crecieron escuchando mensajes como:

"Sé buena."

"No contestes."

"No hagas enfadar a nadie."

"Piensa primero en los demás."

Sin darnos cuenta, empezamos a relacionar el cariño con agradar.

También influyen nuestras experiencias. Quizá recibiste muchas críticas durante la infancia, sentiste que tenías que demostrar constantemente tu valor o aprendiste que equivocarte tenía consecuencias importantes.

Con el tiempo aparece una idea silenciosa:

"Si los demás aprueban lo que hago, entonces estoy haciendo las cosas bien."

El problema es que esa sensación nunca dura demasiado.

Siempre aparece una nueva decisión.

Una nueva duda.

Una nueva necesidad de confirmación.

El precio de vivir pendiente de la opinión ajena

Buscar aprobación parece una forma de ganar seguridad.

Sin embargo, suele producir el efecto contrario.

Cada vez que dejas que otra persona decida si lo estás haciendo bien, le entregas un poco de confianza que podrías estar construyendo dentro de ti.

Empiezas a cuestionarte constantemente.

¿Y si me equivoco?

¿Y si piensan que soy egoísta?

¿Y si debería haber actuado de otra manera?

Ese diálogo interior termina ocupando demasiado espacio.

Y lo más curioso es que, incluso cuando recibes la aprobación que buscabas, la tranquilidad apenas dura un momento.

Después aparece otra decisión.

Y otra vez necesitas que alguien te diga que todo está bien.

Es un círculo que nunca termina.

No puedes gustar a todo el mundo

Hay una idea que puede resultar incómoda al principio, pero también profundamente liberadora.

No importa cuánto te esfuerces.

Nunca conseguirás que todas las personas estén de acuerdo contigo.

Siempre habrá alguien que piense diferente.

Alguien que no entienda tus decisiones.

Alguien que habría actuado de otra manera.

Y eso no significa que estés equivocada.

Significa, simplemente, que cada persona observa la vida desde su propia historia.

Cuando intentas satisfacer a todo el mundo, acabas dejando de escucharte a ti misma.

Y ese precio es demasiado alto.

La confianza también se entrena

Construir una autoestima sana no significa dejar de escuchar a los demás.

Significa aprender a escuchar también tu propia voz.

Pedir consejo puede seguir siendo útil.

La diferencia está en que la decisión final no dependa exclusivamente de la aprobación externa.

La próxima vez que tengas una duda, prueba a preguntarte:

¿Qué elegiría si nadie pudiera opinar sobre esta decisión?

No respondas deprisa.

Date unos minutos.

Es posible que descubras que, en el fondo, ya conocías la respuesta.

Solo necesitabas confiar un poco más en ella.

Un ejercicio sencillo para empezar hoy

La próxima vez que tengas que tomar una decisión importante, escribe primero lo que realmente quieres hacer.

No pienses en lo que esperarán los demás.

No imagines sus reacciones.

Simplemente escribe tu respuesta.

Después, si lo deseas, escucha otras opiniones.

Pero hazlo desde un lugar diferente. No para que decidan por ti. Sino para ampliar tu perspectiva.

Puede parecer un cambio pequeño.

Sin embargo, repetir este hábito una y otra vez puede ayudarte a recuperar la confianza en tu propio criterio.

Empezar a aprobarte a ti misma

La aprobación de los demás siempre será agradable. A todos nos gusta sentirnos aceptados.

El problema aparece cuando se convierte en la única forma de sentirnos tranquilas.

La autoestima no consiste en dejar de valorar la opinión ajena. Consiste en que esa opinión deje de definir quién eres.

Habrá personas que no comprendan tus decisiones.

Habrá quien no esté de acuerdo contigo.

Y eso no cambiará tu valor.

Poco a poco descubrirás que vivir intentando satisfacer continuamente a los demás tiene un coste demasiado alto: dejar de vivir de acuerdo con lo que tú necesitas.

Una idea para llevarte hoy

Quiero que recuerdes algo la próxima vez que sientas la necesidad de pedir aprobación antes de dar un paso.

Escuchar a los demás puede ayudarte.

Pero aprender a escucharte a ti misma puede cambiar la relación que tienes contigo.

No necesitas tener siempre la certeza de estar haciendo lo correcto.

Solo necesitas empezar a confiar en que tu voz también merece un lugar en la conversación.

Y quizá ese sea uno de los gestos más importantes que puedes hacer por tu autoestima.

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